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Wednesday, November 26, 2003

El ángel de Martina  

Damos a publicación El ángel de Martina, el primero de una serie de cuentos de Gaspar Tizio, hijo de Patricia Nápoli y Marcelo Tizio. Nótese el misterio y la intriga, que llegan hasta el final.
El editor


Por Gaspar Tizio

Hace 10 años exactamente entraron en mi cantina tres policías, uno de ellos me pregunto si era amigo de José Luis Ferrero. Me quedé pensando en ese nombre y un minuto después reaccioné, no lo reconocí por que todos lo llamamos por “Cacho”. Me pidieron que los acompañara a la comisaría porque estaba loco, y pedía a gritos hablar conmigo.

Cuando llegué lo vi sentado frente al escritorio del comisario con un bebe en brazos. Quedé impresionado. No me había dicho que su esposa estaba embarazada. Le pidió al comisario que nos dejara solos y me contó una historia estremecedora.

Cuando venía hacia el pueblo, después de visitar a un cliente, vio a una señora de aproximadamente 40 años de cabello oscuro y piel oscura parada en el medio de la ruta haciendo señas para que pare. La señora se acerca y le dice que después de la curva hay un accidente y un bebe. Que por favor lo salvara. Pasó la curva y vio dos autos en llamas.

Se acerco al lugar y a pocos metros, en la banquina lloraba una bebe de seis meses. Llamo a la policía desde su celular, y se fijo si alguna otra persona estaba con vida. - Dentro de un auto estaba el cadáver de – y en cuanto dijo esto se escucho un fuerte disparo, y salieron corriendo dos delincuentes que estaban encarcelados en la comisaría.

Cuando fuimos hacia la parte donde se encontraban las celdas hallamos al comisario muerto con un disparo en la cabeza. Después de retirarse para que nosotros pudiéramos hablar el comisario fue con los presos, uno de ellos lo tomo del cuello a través de los barrotes y el otro abrió la puerta con las llaves que tenia el comisario en el pantalón, luego le dispararon y huyeron corriendo.
Vinieron policías, periodistas, vecinos, medio pueblo estaba allí y yo con la intriga de saber quien estaba en el coche.

Horas después todo se calmó. Nos interrogaron y después invité a Cacho a venir a tomar algo a la cantina, así me terminaba el relato. Mientras caminábamos hacia la cantina noté que estaba raro, temblaba y sudaba como si tuviera miedo. Al llegar a la cantina vimos que también estaban allí su mujer y su hijo.

Cuando lo vieron entrar con la bebe en brazos se asombraron y nos preguntaron que había sucedido en la comisaría. Después de contar todo lo sucedido le explico a la esposa por qué tenéa esa bebe. Le dijo que no sabía de quién era. Recuerdo perfectamente que mientras empezaba a contarnos como seguía la historia estaba tan tenso y nervioso se le caían las cosas de las manos. La persona que estaba muerta era la misma que le había avisado del accidente por eso estaba tan traumado, la señora estaba entre todos los fierros retorcidos del auto nunca podía haber salido de allí.

Hasta ese momento Cacho que tenía una vida normal. Pero a partir de ese día y hasta ahora, va al psicólogo y esta raro. Le teme a todo. Por suerte pudo encontrar a los tíos de la bebe. Pero por salvarle la vida se arruino la suya.

Las tías abuelas y el Club de Regatas 

Más recuerdos, por Mónica Nápoli


Amábamos visitar a nuestras tías abuelas, Kika, Maria Antonia y Luisa
Nápoli. En la casa vivían Kika y Maria Antonia, pero Luisa estaba allí
siempre, quizá por las mismas razones que nos convocaban a la multitud
de sobrinos y de sobrinos nietos.

Para algunos sería el patio de baldosas lleno de plantas y siempre fresco aún en los días mas tórridos del verano; para otros la parra de uva chinche engordada de racimos, al alcance generoso de nuestras manitos estiradas; para mi era el misterioso cuartito del fondo lleno de novelas, y para todos la sola presencia de esas mujeres de carácter fuerte e inmensa ternura.

El Club de Regatas era la síntesis de todas las cosas buenas: libertad,
amigos, amores, deporte, familia. Por eso soñábamos con la llegada de
los primeros calores que inspirarían a nuestras madres a desempolvar los
canastos, preparar el equipo necesario para alimentar a la caterva de
retoños famélicos y llegar corriendo a hacer la cola en la parada del
colectivo. Allí crecimos salvajes y libres, peces del río oscuro y
amado. El Club de Regatas era la felicidad.

Monday, November 24, 2003

El nuevo 

Andino desafía a la cámara

El primer nieto de la rama Nápoli/Falcioni 

Juliana con Andino recién nacido. Están en San Martín de los Andes.

Andino recién comienza


Friday, November 21, 2003

Recuerdos de la infancia 

Es una mañana luminosa y fria de Julio del año ¿1957?. Es temprano, el cielo es muy azul y estoy en mi cuarto con mis hermanas; ellas gritan, rien y saltan sobre las camas. Hace un momento mamá vino a decirme que llevan a la nena al hospital y que en casa quedan mi abuela y mi tia Ketty para cuidarnos. Me lo dice a mi porque tengo ocho años y soy la mayor. Rossana es la menor, hace apenas unos dias cumplió un año mientras estaba en la carpa de oxígeno que armaron en la habitación de papá y mamá.

Sin moverme de la cama escucho que mis padres suben a un taxi y que la
puerta de calle se cierra. La bola instalada en mi estómago no se mueve, está tan quieta como yo. Pasa un rato que me parece un segundo: escucho la puerta nuevamente y gritos y llantos desgarradores.

No puedo moverme, estoy clavada a la cama, lo único es esa voz dentro de mi
cabeza que grita a mis hermanas: "shhhh!!!!¿como se rien, no se dan cuenta
de que Rosana ha muerto?".

Por Mónica Nápoli

Monday, November 17, 2003

La anécdota de Benja 

Damos a publicación el texto inaugural de Benjamín Dufourc sobre sus recuerdos de la infancia. Quiero llamar la atención sobre las excelentes descripciones y la prosa veloz de mi primo. Además, incluye un ítem llamado a convertirse en todo un tema de este weblog: el Club de Regatas. Eso queda en manos de Las Nápoli, sus maridos, y El Tipo.

El editor


Por Benjamín Dufourc

En realidad me abatía entre docenas de posibilidades. "Anécdotas de la infancia". Es que son tantas, y tan cortas, que la cuenta pasaba de docenas a centenas.

Entonces, y no por ser la mas larga, elegí una que resume toda una personalidad. Ahora bien...pocas cosas son tan tiernas como la inocencia pura, esa que nunca cae en exceso y nunca, por supuesto, se confunde con lo cursi, y si hay alguien en este mundo al que le sobre, es a Pedro.

Todavía éramos una familia que no sabia de adolescencias, que no sabia de 15 años histéricos y de "yo no voy porque hace calor" o "ni en pedo voy, vienen los chicos y nos vamos a lo de las chicas". Pero, a pesar de ser chicos de edad, éramos cuatro. Muchos. Y febrero. Ya habían pasado dos meses de vacaciones. Dos largos meses, y, obviamente, pasado el viaje a Mar Azul y la huidas a los shoppings, las posibilidades de recreación (y de distracción) habían desaparecido.

Pero el ingenio de nuestros padres era inagotable, y entonces, ya cuando no se podía estar dentro de la casa (o la pelopincho), hablaban con los Añon Suarez (primos paternos), nos metían en los autos, y, previo paso por la ferretería para comprar 4 cañas para pescar mojarrita (a solo $2 cada una), nos llevaban al Club de Regatas (testigo inagotable de la vida y obra de los Napoli y los Dufourc).

Horas se podía estar sentado pescando, pero (y aquí la ventaja para nuestros padres) siempre callados. Pero, por algún motivo, esa tarde, Pedro y Gustavo (padre, Dufourc) pescaban y hablaban. Apostado en el vértice del club, mirando el canal, Pedro (de seis años), prestaba especial atención en los grandes barcos que lo cruzaban. Barcos, que por ser mercaderes, pasaban llenos. Pesados. Y que por ser pesados, hacían un sin fin de olas que irritaban hasta al mas paciente de los pescadores. Era temprano y Pedro y papá hablaban y veían los barcos. Pero de repente, algo llamó aun mas la atención del primero. En sentido contrario y ya vacío de mercadería, pasaba un barco. Asombrado, al ver que asomaba del mismo la mitad de la hélice (porque, como ya dije, venia vacío) la duda fue inevitable:
- Pa...que es eso que se mueve?! - pregunto Pedro.
- Es la hélice, Pepo -
Pensativo, Pedro volvió la vista al frente... pero sin conformarse con la respuesta, indago nuevamente...
- Que!... VUELA?!?!?

Thursday, November 13, 2003

Recuerdos de Nicolás (primer entrega) 

Verguenza
En la casa Del Pueblo, como le decíamos para diferenciarla de la del barrio El Arenal, el cuarto de mi hermana Juliana y el mío estaban separados por una pared que no llegaba al techo. Una tarde le confesé a un amigo (no recuerdo cuál) que me gustaba mucho una amiga de Juliana, que en ese momento estaba con ella del otro lado escuchando atentamente. Las chicas no aguantaron la risa y todo se descubrió. Yo no sabía dónde meterme, pero hoy creo que en algún punto sabía o al menos sospechaba que estaban ahí, del otro lado de la pared. Fue una manera de decirle a María Fernanda lo que sentía por ella.

Amor/odio
Juliana me hacía la psicológica. Su arma eran las palabras. Me hacía calentar habándome con total tranquilidad. En ese entonces me parecía que no tenía otra que golpearla.

Perplejidad
Cuando Lucrecia era bebe me rechazaba. Yo me inclinaba a la cuna para besarla y ella lloraba como un marrano. Esto generaba mucha confusión en mí. No entendía por qué. Qué le había hecho. Me preguntaba si con los demás era igual.

Desilusión
Una vez Mónica volvió de un viaje a La Plata en avión. La fuimos a buscar al aeropuerto. Pero la mujer de botas altas que bajó la escalerilla era rubia y tenía el pelo lacio. Estaba irreconocible. Fue una impresión enorme, la primera vez que se las mujeres y esa mujer que es mi mamá se confundían de alguna extraña manera.

Recuerdos de Mónica (primer entrega) 

Las fiestas familiares en la década del 50, y mis padres, mis hermanas
y yo cantando y riendo mientras regresábamos a casa a la madrugada, caminando por la rambla descalzos sobre el colchón violeta de flores de palo borracho.

La cara hinchada por las paperas de mi hermana Mariela detrás del
vidrio de la ventana, desproporcionada y llorosa por no poder salir a jugar a la calle, mientras nosotras, pequeñas sádicas, nos reíamos de ella exagerando las carcajadas.

Mi tía Ketty y sus fideos caseros de los domingos, eternos,
infaltables, idénticos, mas allá de las variaciones climáticas, los sucesos
familiares, los cambios de gobierno y de políticas económicas.

Wednesday, November 12, 2003

Introducción 

Hola soy Nicolás Falcioni, y voy a ser el editor o coordinador de este weblog de historias familiares. Un weblog es una página web cuya actualización es muy simple. Se pueden poner textos nuevos todos los días. La primer parte va a estar dedicada a los recuerdos. Así que a cada uno le pido que escriba un texto de como máximo 3 mil caracteres con recuerdos de sus padres, sus hermanos, primos, etc. Envíenlos a nicolasfalcioni@hotmail.com. Gracias. Un abrazo.

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